Qué hacer en un día lluvioso

Adoro los días lluviosos y hasta un poco fríos, aunque las personas siempre voltean a verme con cara de susto cuando lo digo. Pero, en fin, hay gustos para todo, ¿no creen? Cuando la lluvia es lo que llamamos “tupida”, me encanta salir a caminar. Con un buen calzado antiderrapante y un impermeable no hay chubasco que me detenga y está la enorme ventaja, por lo menos para mí, de que las calles se encuentran casi desiertas.

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Pero cuando lo que cae es un aguacero, el deleite está en escuchar el sonido de la lluvia y tenerlo como música de fondo para leer, escribir o ver una película. Bueno, eso es lo que a mí me hace feliz, pero hay quienes se sienten completamente desanimados cuando el cielo se llena de nubes grises y las gotas empiezan a caer. Piensan que frente a semejante panorama, no queda más que cancelar los planes y quedarse en casa o simplemente pierden las ganas de hacer algo, porque la falta de sol y calidez afecta su estado de ánimo.

De hecho, diversos estudios han comprobado los efectos benéficos de la luz y el clima cálido en el organismo, así como los problemas que pueden presentarse cuando estos faltan. Sin embargo, tenemos muchos recursos para contrarrestar el frío, la humedad y otras contingencias del clima. Así que no se depriman por los días nublados y aprovechen para hacer algunas actividades que se disfrutan más con este clima.

Yo les recomiendo las siguientes:

Tomar un café con los amigos

Una tarde lluviosa puede ser el momento ideal para reencontrarse con los amigos que no ven desde hace tiempo, refugiarse en una linda cafetería y ponerse al tanto de lo que ha pasado en sus vidas. Y, claro, un amigo también puede ser ese libro que han querido empezar a leer o reanudar desde hace mucho.

Visitar un museo

Esta es una actividad que se puede disfrutar en cualquier momento, pero en días lluviosos la mayoría prefiere pasar el tiempo en interiores. Si antes habían aprovechado los días de sol para pasear en bici o hacer un día de campo, ahora que la hierba está mojada y el asfalto se pone un tanto resbaloso, vayan a esa exposición que les había parecido atractiva o a uno de los museos de su ciudad que aún no conozcan. Si están en la Ciudad de México, les recomiendo que vayan al Centro Nacional de las Artes, a ver la exposición temporal “El futuro me pertenece: Nikola Tesla”.

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Ir al cine

Otra opción que los mantendrá resguardados y a salvo de chubascos, por lo menos mientras están en la sala. Y ya que están en eso, denle una oportunidad a las alternativas menos comerciales, que se presentan en foros como la Cineteca Nacional.

Organizar un maratón de series o películas

Si definitivamente no quieren mojarse ni lidiar con el caos vial que desafortunadamente acompaña a los días lluviosos, disfruten de la comodidad del hogar, la buena compañía y las variadas opciones de entretenimiento que pueden encontrar en plataformas como Netflix o en su videoteca personal. En la web antes mencionada hay opciones muy interesantes, como la película del País Vasco Loreak, la británica Fish Tank, el documental My Beautiful Broken Brain y muchas, muchas series.

Y, en fin, quienes sientan que las nubes, el agua y el frío realmente no son lo suyo, y además tengan un guardadito disponible, bien pueden aprovechar los vuelos de VivaAerobus y escaparse a la playa. Como les decía al principio, para todo hay gustos.

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El problema no es que haya, sino que hay mucho

La Ciudad de México ofrece muchas facilidades para comer bien, rico o barato, según se necesite y si bien algunos tendrán sus zonas favoritas, una de las que más me gustan a mí es Polanco.

Se trata de una zona que tiene una imagen muy particular de zona habitacional para gente de alto poder adquisitivo, de tiendas exclusivas y oficinas lujosas.

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Es una fama que es cierta en gran medida, mas si me preguntan en donde comer en Polanco, les puedo asegurar que la lista es bastante grande.

Ya sea por trabajo o porque iba de paso, siempre me topé con una buena opción, sin importar el tipo de comida que se le antoje a uno.

Yo les paso mis recomendaciones, pues me han funcionado muy bien.

Si comenzamos con lo básico, les recomendaría los antojitos de María Isabel, en donde las quesadillas y tostadas son las estrellas.

En ocasiones tenemos bastante prisa o se requiere una comida muy sencilla y que no nos mande al hospital.

En este caso, se puede recurrir a varios restaurantes pequeños que están sobre Ejército Nacional, casi llegando a Moliere o hacia la Cruz Roja. Estos restaurantes cuentan con un servicio rápido, económico y funcional.

Sobre Moliere está la Casa de los Abuelos, que es algo parecido a los Bisquets Obregón, por si tienen un poco más de tiempo.

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Si se encuentran al otro lado de Polanco, hacia Mariano Escobedo y Presidente Mazaryk, los restaurantes de la calle de Euler son buenas alternativas.

Ahora que si se encuentran hasta el otro extremo de Mazaryk, hasta el Periférico, pueden buscar debajo de un puente, un lugar que se llama La Morera, en donde tienen una variedad de deli sandwiches, antojitos veracruzanos, ensaladas, cochinita pibil, comida rápida, en fin, es un lugar que saca del apuro cuando estamos por esa parte de la ciudad.

Si tienes un poco más de tiempo y deseas experimentar algo diferente, te recomiendo el restaurante Adonis, de comida libanesa y árabe.

Más allá del aspecto, los precios son muy razonables y la decoración lo hace muy agradable.

Siguiendo con la comida de fuera de México, en los restaurantes Tor Tori, Murasaki o el Benkay (en el Hotel Nikko) encotrarás auténtica comida japonesa, no solamente sushi.

Para los amantes de la comida italiana, les recomiendo ir a la Bottiglia, que no es un restaurante caro, el ambiente es muy agradable y para no fallarle, hagan reservación.

Los lugares de comida argentina tampoco pueden faltar y mi favorito es El Asadero del Pibe, que tampoco es un lugar caro y la comida es muy buena. Hay que ir con bastante hambre, pues las porciones son generosas.

Para quienes gustan de la comida española, Campotoro o La Finca Española son mis preferidos, pues son restaurantes muy agradables y de buen precio.

Finalmente, lo nuestro tiene un lugar especial. Hay muchos restaurantes en Polanco de comida mexicana, sin embargo mis preferidos son el María Bonita y la famosísima Hacienda de los Morales.

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De esta última les puedo decir que es para ocasiones especiales, por el precio, fuera de eso la comida es de primera y en María Bonita es como para ir más seguido, también con una comida de primera.

Para todas estas selecciones el problema es medirse, pues la tentación es mucha y si cedemos a ella, directo al gimnasio en los días siguientes.

Dónde comer al viajar

Una de las cuestiones que más nos inquietan al estar de viaje, sobre todo en el extranjero, es dónde comer. Por una parte, queremos descubrir nuevos sabores y parece imperdonable despedirse de algún lugar sin haber probado al menos uno de sus platillos típicos. Pero también nos preocupa el tema de la salud; probar ingredientes y condimentos a los que no estamos habituados puede culminar en una indigestión, en el mejor de los casos. Y, por supuesto, está la parte económica; los viajes siempre implican gastos y debemos aprender a distribuir nuestro presupuesto de la mejor manera posible.

comer-viajarPara cuidar estos tres frentes, hay algunas estrategias que se pueden aplicar. La primera que se me ocurre es definir el interés principal del viaje; si el objetivo es hacer turismo gastronómico, debemos prepararnos para gastar sobre todo en restaurantes y lugares para comer; conviene investigar con anticipación cuáles son las comidas típicas del destino que visitamos, así como los mejores lugares para probarlas (que no necesariamente son los más caros). En cambio, si lo que más nos importa es visitar museos y atracciones culturales o hacer actividades al aire libre, hay otras opciones, como preparar bocadillos sencillos y nutritivos, que podamos llevar con nosotros. Trazar un objetivo para el viaje no implica que esté prohibido seguir otros intereses al llegar a nuestro destino; la idea es tener un punto de orientación para planear y controlar nuestros gastos, aunque con la flexibilidad de hacer cambios en el momento.

El cuidado de la salud es algo prioritario, en especial durante un viaje, pues nadie quiere pasar un día de reposo en la habitación del hotel y mucho menos en un hospital. Para evitar infecciones y problemas estomacales, la recomendación es evitar los alimentos crudos; el proceso de cocción acaba con la mayoría de las bacterias y esto es al menos una garantía básica de que no nos sentará tan mal. En cuanto a las frutas y verduras, lo mejor es consumir las que tengan cáscara y podamos pelar; una práctica que además de saludable resultará económica, es comprar estos alimentos en supermercados o mercados y lavarlos personalmente. Las ensaladas ya preparadas son más riesgosas, porque no sabemos si las frutas y verduras se desinfectaron como es debido. Otro consejo básico es evitar los lácteos frescos; además de pueden ser bombas para el estómago, hay lugares en los que no se implementa la técnica de pasteurización y esto puede causar enfermedades e infecciones, sobre todo entre quienes no están habituados a ese tipo de alimentación.

comer-viajar-frutasPor último, aunque de igual importancia, está el tema de la economía. Si lo primordial es ahorrar en aspectos como la comida, para pagar las entradas a museos, la excursión o cualquier otra actividad, hay formas de gastar poco sin morirse de hambre. Una buena idea es comprar donde lo hacen los locales: mercados, supermercados, tiendas del barrio; así también se tiene la ventaja de revisar y elegir personalmente los productos y preparar los alimentos a nuestro gusto. Los lugares de comida rápida también suelen ser económicos; cierto, no son lo que más se antoja, pero pueden salvarnos en una emergencia. Y no está de más ahorrar un poco para darse un gusto, al menos un día. Como ya mencionaba, un buen restaurante no tiene por qué ser caro; platicando con los habitantes del lugar o el personal del hotel se pueden conseguir excelentes recomendaciones.

Disfruten del viaje y ¡buen provecho!

Los amos del grunge vuelven a México

Quienes amamos los viajes y la música seguro habremos disfrutado en más de una ocasión la experiencia de combinar las dos pasiones. Los viajes para ir a festivales de música de talla internacional, como Coachella, el Glastonbury Fest o el Primavera Sound, ya son toda una tradición y marcan una temporada alta para las aerolíneas y agencias de viajes. E incluso si el concierto es en el propio país, no siempre tenemos la suerte de que nuestra ciudad sea la sede y los verdaderos fanáticos no dudamos en tomar el avión, el autobús o de plano hacer auto-stop, con tal de estar frente a los autores de la música que acompaña nuestras vidas.

Mi próximo “viaje musical” ya está a la vuelta de la esquina. Como todo seguidor del grunge en México, espero con ansias la presentación de Pearl Jam el próximo 28 de noviembre. Después de su última visita, en 2011, la banda noventera, originaria de Seattle vuelve a nuestro país, para el gran cierre de su Latin America Tour.

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Quienes ya hemos tenido la fortuna de ver a estos músicos en vivo, sabemos que nos aguarda una experiencia frenética y emotiva, que podría comenzar con los primeros acordes de “Elderly woman behind a counter in a small town”, como sucedió en 2005, y culminar con un Eddie Vedder ondeando la bandera nacional y alzando la copa (o la botella) para brindar con sus fans.

Pero sin duda, el Latin America Tour traerá sorpresas, nuevos acordes y momentos únicos. De acuerdo con las reseñas de los conciertos previos y de los setlists publicados en sitios como Sopitas.com, esto es algo de lo que podemos esperar para el próximo sábado:

  1. Escuchar canciones del Lightning Bolt

Los músicos quieren compartir su álbum más reciente con los fans latinoamericanos, así que no deberá sorprendernos el escuchar canciones como “Pendulum”, “Swallowed Hole” o “Infallible”. Si todavía no se las saben, es buen momento para escucharlas todo el día y empezar a ensayar.

  1. Corear los clásicos

“Daughter”, “Jeremy” o “Given to Fly” son algunas de las favoritas de todos los tiempos que figuran en los setlists de Buenos Aires o Chile. Muy probablemente se repetirán en México.

  1. Deleitarse con sorprendentes covers

Una de las sorpresas en los conciertos de 2005 fue el cover de “Last Kiss”. En esta gira por Latinoamérica, han interpretado “Imagine”, de John Lennon, como un homenaje a las víctimas de los recientes atentados en París.

  1. Brindar con Vedder

Casi tan inseparable como la guitarra, la botella de vino aparece como fiel compañera en la mayoría de las fotos que nos han llegado del tour. Habrá que comprar al menos una cerveza, para no faltar al protocolo del brindis.

  1. Comprar todo tipo de recuerdos

La mercancía oficial del tour incluye hasta calcetines, que vendrán muy bien para las frescas noches de noviembre. Pero los mexicanos podemos confiar en que afuera del recinto no faltarán los puestos con “el bonito recuerdo del evento”.

Espero que reservaran sus lugares desde que comenzó la venta de boletos, porque a estas alturas no será fácil conseguir uno. ¡Hasta el sábado en el Foro Sol!

Consejos para compartir

Una de las estrategias que ayudan a dar el primer paso hacia la independencia y comenzar una nueva vida, ya sea en otro barrio, ciudad o país, es el compartir departamento. El principal atractivo es el económico, ya que no es lo mismo afrontar a solas los gastos de un alquiler y de todos los servicios, que dividirlos entre dos o tres inquilinos. Pero hay quienes también disfrutan de la compañía ocasional que se tiene al compartir; esto les facilita la transición de la vida familiar a la independiente, con la ventaja de tener un espacio personal, en el que se pueden acordar las propias reglas, pero donde también se cuenta con alguien para conversar, tener apoyo y resolver los problemas que puedan presentarse.

Cuando se decide trabajar o estudiar en el extranjero, o probar suerte en una nueva ciudad, compartir piso puede ser una buena opción para comenzar a establecerse sin invertir demasiado y para probar si la vida en ese nuevo entorno es realmente satisfactoria. Sin embargo, la vida con roomies, sean viejos conocidos o extraños a los que contactamos por internet, tiene sus complicaciones, sobre todo cuando no se establecen reglas desde un principio.

Hace tiempo leí un artículo en la revista Chilango.com, con recomendaciones para encontrar a los compañeros de departamento ideales. Con base en ese texto y en mis propias experiencias, elaboré mi versión del manual para compartir departamento sin morir (ni matar) en el intento.

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1. Entrevistarse con varios candidatos

Puede sonar a casting, pero elegir a un buen roomie es tan importante como seleccionar a un colaborador. Tanto si eres tú quien ofrece una habitación en alquiler, como si respondes al anuncio de quien renta una, no te vayas con la primera opción que se presente. Algunos puntos a considerar para elegir a un compañero de departamento son los ingresos con los que la persona cuenta, si trabaja en una oficina o en casa, si es responsable y si está dispuesto a seguir reglas de convivencia. Si optas por compartir con un amigo, familiar o conocido, asegúrate de que son compatibles en cuanto al estilo de vida que les gusta llevar. Una buena relación puede arruinarse por los desacuerdos que surjan en la continua convivencia; si adoras a tu amigo, pero no estás dispuesto a tolerar su música, sus desveladas, o sus agitados fines de semana, mejor sigue buscando.

2. Investiga en tu lugar de trabajo o estudios

Otra excelente opción para ahorrar al independizarte es buscar departamento en tu zona de trabajo o cerca de tu universidad. En la mayoría de las escuelas y en varias oficinas hay pizarrones de anuncios, donde se coloca información de interés para la comunidad. Echa un vistazo a esos espacios para ver si alguien comparte departamento, o bien, deja un anuncio del tipo: “Profesionista busca habitación en zona de departamentos en Querétaro Diamante” y proporciona un dato de contacto. Así tendrás más posibilidades de encontrar compañeros que coincidan con tu estilo de vida, intereses y actividades.

3. Establece reglas

No se trata de que firmen un contrato a lo Sheldon Cooper, pero sí es necesario contar con algunas normas básicas para la convivencia y la administración del espacio común. Algunas de las cuestiones más importantes a definir son: cuándo y a quién entregar el dinero del alquiler y los gastos, cómo se distribuyen las tareas de limpieza, o si se acepta o no que se fume dentro de la casa.

4. Respeta el espacio de los demás

Entre las circunstancias que generan mayores discusiones al compartir departamento están las faltas de respeto a las cosas y el espacio de los compañeros. Una buena medida para evitar estos problemas es definir espacios en la despensa, el refrigerador y otras zonas comunes, para que cada quien deje sus cosas; si es necesario, coloquen notas adhesivas para identificar los productos de cada quien y en un espacio distinto pongan los objetos de uso común. Si por alguna emergencia tienes que utilizar algo que no es tuyo, informa a tus compañeros y repón lo que hayas tomado. Respeta siempre las habitaciones de los otros y visítalas sólo en caso de que te lo soliciten.

5. Recuerda que eres independiente, pero que no estás solo

Si bien ya no tienes que pedir permisos o respetar toques de queda, como cuando vivías con tus padres, sí debes tener en cuenta a tus compañeros, para que tus actividades y decisiones no los afecten. Consulta con ellos antes de invitar a tus amigos, hacer una fiesta o escuchar música en las áreas comunes; puede que alguien tenga que trabajar o necesite tranquilidad y descanso. Si piensas comprar un mueble nuevo, llevar una mascota, contratar un servicio o cualquier otra cosa que altere la vida en común, discútelo antes con tus compañeros. Y aunque no debas pedir permiso a nadie, es una buena medida de seguridad que avises a tus roomies si vas a llegar muy tarde o si estarás ausente todo el fin de semana; créeme que aunque no sean tus papás, ellos también se preocupan por ti.

Memorias de viaje

Cuando hice mi primer viaje solo, mi papá me regaló una cámara nueva; un aparato muy moderno para su tiempo, pues era pequeño y ligero (también conforme a los estándares de la época) y tenía el flash integrado (no como la vieja cámara familiar, que necesitaba una especie de cubo transparente para poder tomar fotos nocturnas). La maleta fue un préstamo de mi hermano mayor, la ropa no tenía nada de particular y la pequeña mochila, para llevar las cosas más esenciales, era la que siempre usaba en mis excursiones y paseos; pero la cámara era nueva. Incluso me compraron un rollo extra (porque entonces las cámaras todavía usaban rollos de papel fotográfico), para que no perdiera ninguna oportunidad de capturar los mejores momentos. Era como si el viaje no se completara hasta que no tuviera un testimonio en imágenes de los lugares que vi y recorrí.

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De una u otra forma, las memorias de viaje suelen preservarse con ayuda de imágenes. Las antiguas crónicas de exploraciones, como el Libro de las maravillas de Marco Polo, eran textos sumamente descriptivos, que se valían de las palabras para reconstruir paisajes y seres fascinantes en la imaginación del lector. Al difundirse, muchas de esas crónicas se acompañaban con dibujos e ilustraciones que hacían todavía más vívida la experiencia de lectura. Luego llegaron las cámaras y las fotografías se convirtieron en el mejor recurso para hacer el recuento de un viaje.

Los modernos diarios de viaje se escriben en Facebook o Instagram. Una publicación en estas redes sirve para decir que estamos bien o informar que ya llegamos a nuestro destino, es una invitación a que otros descubran el lugar en el que nos encontramos, aunque sea de manera virtual, y una forma de compartir todas las emociones que nos despierta un paisaje, un edificio o una obra maestra.

Las fotos tienen tal importancia como testimonios de un viaje o un evento importante, que pese a ser de los elementos más compartidos en medios digitales, también son los que más se trasladan a soportes físicos. Muchos viajeros mantenemos la costumbre de hacer impresiones digitales de nuestras mejores fotos, para convertirlas en tarjetas postales o en cuadros de grandes dimensiones, que vuelven más íntimos y acogedores nuestros espacios personales. También están de moda técnicas de manualidades como la del scrap book o libro de recortes, una forma creativa y totalmente personalizada de documentar un acontecimiento importante.

Los formatos y las tecnologías habrán cambiado, pero la memoria conserva un estrecho vínculo con las representaciones y las imágenes. Recuerdo con emoción y cariño esa cámara que me obsequió mi padre, y que hoy podría ser una pieza de museo, porque gracias a ella se preservaron muchas de las mejores experiencias de mi vida. Desde entonces he cambiado muchos aspectos de mi forma de viajar y he añadido nuevos aditamentos a mi equipaje. Pero aún creo que una cámara y un cuaderno de notas, que bien puede ser en formato electrónico, están entre los mejores obsequios que se le pueden hacer a un viajero.

Cuando algo se extraña

La palabra nostalgia y sus traducciones a distintos idiomas siempre me han parecido, hasta cierto punto, fascinantes. En español, se compone de los vocablos griegos nóstos, que significa regreso, y álgos, que quiere decir dolor; literalmente sería el dolor por el regreso, pero más bien se refiere a la añoranza, a la falta que hace volver. Algo semejante sucede con el inglés homesick o el alemán Heimweh; no es sentirse enfermo o dolorido por estar en casa, sino por la ausencia del hogar. En galés también existe una palabra interesante, hiraeth, que se refiere a la nostalgia por aquello que se quiere y no puede tenerse.

Si divago con estos temas en un blog de viajes y vida en el extranjero, es porque la nostalgia es uno de los sentimientos que pueden sorprender incluso al explorador más entusiasta. Y es que por más deseos que se tengan de conocer otras tierras y experimentar la vida en diferentes latitudes, el lugar de origen no deja de llamar, a veces de formas muy extrañas.

Entre los mexicanos con los que me llegué a encontrar en mis viajes y estancias en otros países, una de las añoranzas más frecuentes era la comida. Claro que extrañaban también a sus familiares y amigos, sus antiguos hogares o algunos lugares agradables de sus ciudades. Pero mientras que la tecnología les permitía comunicarse con sus seres queridos siempre que quisieran y en las nuevas ciudades también habían encontrado lugares especiales, la comida típica era más difícil de conseguir. Sí, restaurantes de comida mexicana hay en todas partes, pero no siempre usan ingredientes auténticos y cuando lo hacen, los precios suben considerablemente. No quedaba más que suspirar y guardar el antojo de tamales, quesadillas, tacos o parrilladas, para eventos que los llevaran a viajar a sus lugares de origen en México.

nostalgiaPor mi parte, la nostalgia no tenía mucho que ver con la comida. En los primeros periodos largos que pasé fuera de México, lo que más añoraba eran los objetos y espacios que me hacían sentir cómodo y tranquilo. Como Bilbo en El Hobbit, extrañaba mis libros y el desgastado sillón en el que me sentaba a leerlos; extrañaba también mi departamento, que aunque diminuto y escasamente amueblado, era sólo mío. Y, por supuesto, también me hacían falta las charlas y paseos con los amigos, que aunque no muy frecuentes, debido a las ocupaciones de cada uno, sí eran de las cosas que hacían disfrutables los días.

Extrañar lo que se dejó atrás, e incluso lo que aún no llega, es un sentimiento natural. No sólo se manifiesta al estar lejos del lugar de origen; si como yo adoran viajar, alguna vez se habrán encontrado con la añoranza por una callecita que recorrieron en un país o ciudad distante o hasta por los panecillos que servían en el desayuno de un hostal. Lo que debemos evitar son los estados en que la nostalgia eclipsa el goce del momento, ya sea durante el viaje o en la vuelta a casa. ¿Qué se puede hacer? Quizá lo mejor sea no tratar de encontrar todo lo que extrañamos del hogar en la nueva ciudad. En vez de ello, podemos descubrir lo que ésta tiene de especial y típico; es muy probable que entre toda la gama de sabores, lugares, gente y cultura encontremos algo que también nos guste.

¿Paranoia o precaución?

Una sola cosa me molestaba de los viajes familiares que hacíamos cuando era niño. No eran las horas que pasábamos amontonados en el auto, discutiendo cuánto faltaba para llegar, dónde podíamos detenernos para ir al baño o quién se comió el último sándwich. Eso, junto con la música de mi papá o las canciones que mi mamá nos hacía entonar, quedaba en el olvido en cuanto llegábamos a la playa o al pueblo y ahora el recuerdo hasta me divierte. Lo que de verdad me parecía insufrible era todo lo que cargábamos en el equipaje.

No importaba si nos hospedábamos en un bungalow en Ixtapa, en cabañas en Tepoztlán o en hoteles en Cabo San Lucas; en cualquier caso, mi mamá nos hacía llevar toallas, batas, cubre almohadas y a veces hasta sábanas. Podíamos protestar hasta el cansancio e insistir en que sólo hacíamos el ridículo, pues todo eso ya estaba en el hotel; pero mamá permanecía inflexible (y mi papá eventualmente le daba por su lado). Al final empacábamos todo lo que decía y más que de vacaciones, parecía que estábamos de mudanza.

El argumento de la reina de la casa, y que entonces me parecía de una paranoia total, era que no se podía confiar en la limpieza de los alojamientos. “¡A saber quién se ha quedado ahí antes que nosotros!”, repetía mi mamá cada año. Al llevar nuestra propia ropa de cama, según ella, nos salvábamos de picaduras, alergias, salpullidos y quién sabe cuántos horrores más. La verdad es que cuando al fin pude viajar por mi cuenta no volví a tener tantas “precauciones” y hasta el día de hoy no he pescado nada en un hotel (aparte de las botellitas de shampoo). Pero una información que leí hace poco en internet me hizo pensar que quizá lo de mi mamá no era paranoia después de todo.

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La revista de viajes Condé Nast Traveller y el Centro Médico de la Universidad de Nueva York hicieron un estudio en el que tomaron distintos tipos de muestras en habitaciones de hoteles de diversas categorías. A simple vista todo estaba impecable, pero cuando las muestras se colocaron bajo el microscopio, la impresión fue muy distinta. Para no parecer alarmista, me limitaré a decir que virus y bacterias no faltaban.

Con base en esos resultados, la citada publicación y otras revistas y blogs de viajes hicieron listas de recomendaciones para preparar la estancia en un hotel, que no difieren mucho de las prácticas de mi familia. Comparto algunas de esas sugerencias expertas, que seguramente avalaría mi mamá.

Llevar ropa de cama

Viajar con todo y sábanas sería lo más recomendable, de acuerdo con los expertos. Pero si eso parece exagerado, al menos se debería usar pijama con pantalón y manga larga. De esta forma se tendrá el menor contacto posible con la ropa de cama del hotel. No es mal consejo pero, ¿qué hacemos en climas cálidos?

No guardar ropa en los armarios y cajones

Según el estudio del que les hablé, el interior de estos muebles es uno de los espacios menos higiénicos de la habitación, ya que se ventila poco y no se limpia con tanta frecuencia como lo que está más a la vista. Muy probablemente habrá polvo, pero también se podría contar con la presencia de otros habitantes indeseables, que no quisiéramos llevar a casa como recuerdo del viaje. Sensata recomendación que además nos salva de olvidar cosas en el armario.

No comer en la habitación

Y, especialmente, no comer en la cama. Una medida elemental para no atraer más bichos y para no contagiarse con lo que ya podría existir en el cuarto. Sí, creo que es otra buena idea.

Ser cuidadoso al desempacar

Si a pesar de toda nuestra exageración (o precaución), alguna sorpresa se coló en el equipaje, debemos asegurarnos de que no se instale en casa. Una buena medida es desempacar en el patio o el baño y sacudir cuidadosamente cada prenda. Así será más fácil detectar cualquier extraña presencia y evitar que se aloje en espacios como la recámara.

Estas son algunas de las recomendaciones más sencillas. Otras implican que se viaje hasta con humidificadores de ambiente. ¿Paranoia o precaución? ¿A ustedes qué les parece?

Ahora que decidiste aprender un nuevo idioma

Llevo varios días sumergido en las páginas de un libro extraordinario, Born on a Blue Day (Nacido en un día azul), del matemático inglés Daniel Tammet. Digo extraordinario, porque se trata de un relato autobiográfico que reconstruye la historia de un hombre digno de tal adjetivo. Tammet padece síndrome de Asperger, una forma de autismo que si bien no supone tantas limitaciones y complicaciones como otras, sí plantea diversos retos para quienes la viven, sobre todo en cuanto al desarrollo de habilidades sociales. Pero esta no es la única peculiaridad en la vida del personaje. Tammet tiene sinestesia, una rara cualidad intelectiva que hace a la persona vincular la comprensión de conceptos, palabras o números con la percepción de colores. Los especialistas que han evaluado a este joven matemático, actualmente de 35 años, consideran que la sumamente rara coincidencia del Asperger con la sinestesia hizo de Tammet un genio, capaz de resolver complicadas operaciones numéricas en segundos y aprender idiomas en cuestión de semanas.

En un capítulo de la autobiografía, Tammet narra una etapa de su infancia en la que comenzó a relacionarse con otros niños gracias a sus hermanos menores. El autor recuerda con especial interés a una niña mitad finlandesa, amiga de su hermana, pues por ella aprendió las primeras palabras de esa lengua nórdica que hoy en día domina. Tammet cuenta que mientras las niñas jugaban, él repasaba los libros para aprender finlandés que tenía la pequeña vecina; para el final de la tarde, cuando las amigas se despedían, él ya había aprendido varias palabras nuevas. Años más tarde, cuando el matemático decidió aprender finlandés con todo rigor, no necesitó más de cinco días para lograr su objetivo.

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Cómo envidié esa fabulosa habilidad cuando leí aquél capítulo. Cuántos cursos de inglés, francés o italiano me hubiese ahorrado, si el vocabulario, las conjugaciones y las reglas de gramática se grabaran en mi mente con sólo estudiar el libro por una semana. Pero, ¿qué le vamos a hacer? No todos tenemos talentos extraordinarios, así que para los simples mortales no hay más que cursos de varios meses y largas horas de estudio. Y, como solía decir uno de mis profesores, “la gota de agua perfora la roca”; si somos constantes, acabaremos por superar el reto que se nos presente, aunque nos tome más tiempo.

Si han empezado a estudiar un nuevo idioma y a veces les cuesta trabajo mantener el esfuerzo, les comparto algunas prácticas que me han servido a mí, a mis compañeros y profesores e incluso a genios como Tammet, para no desistir y alcanzar la meta.

Estudia cuanto puedas y como puedas

Seguro te han dicho los maestros que las horas de clase no bastan y que si realmente quieres dominar el idioma, necesitas dedicar mucho tiempo al estudio. Esta es una gran verdad, que a veces desalienta, ya sea porque no nos alcanza el tiempo o porque no queremos vernos frente a los libros en todo momento de asueto que tengamos. Sin embargo, recuerda que hay más de una forma de estudiar y empaparse de los nuevos conocimientos. Busca música, películas o series en el idioma que quieres aprender y combina el estudio con el entretenimiento. No te preocupes si no entiendes todo a la primera, es natural. Verás que con sólo escuchar y familiarizarte con los sonidos, aunque no comprendas todos los significados, avanzarás un gran trecho. Pronto te será más fácil reconocer las palabras, así como asociarlas con lo que quieren decir.

Conoce y aprovecha tus habilidades

Algunos aprendemos más fácilmente al leer o escuchar historias. Otros comprenden algo de inmediato cuando se los representan en imágenes y algunos, como es el caso de Tammet, son sumamente receptivos a las formas y colores. Identifica qué es lo que te permite aprender más fácilmente y aplícalo cuando estudies; comienza a leer historias sencillas, traza esquemas o dibujos o emplea diferentes colores para distinguir verbos, sustantivos y artículos. Es un hecho que no todos aprendemos de la misma forma, así que no te preocupes si tus estrategias no son las más convencionales. Si te ayudan para estudiar y aprender, apégate a ellas.

Elige un buen curso

Para que todos tus esfuerzos y estrategias estén bien encaminados, busca la guía de profesionales. Los mejores cursos no siempre son los más caros, así que la economía no es pretexto para terminar en una escuela que no te garantiza un buen aprendizaje. Investiga varias alternativas, pide recomendaciones y asegúrate de que las instituciones o programas que elijas cumplan con los estándares internacionales para el idioma que quieres aprender. Para estudiar inglés en México, cuentas con opciones como Harmon Hall, que te permite obtener certificaciones como el TOEFL o el TOEIC.

Se les va a caer el pelo

Cuando viajamos a un país en el que hablan nuestro idioma, sentimos que tenemos la vida resuelta, o al menos buena parte de ella. No habrá que preocuparse por terminar con una comida horrible o ir a dar a uno de los barrios más excéntricos de la ciudad, a causa de la mala pronunciación o la completa incapacidad de darse a entender. A nadie se le ocurriría llevar un diccionario de español a España y pocos son los que consultan una guía de expresiones o modismos. Sin embargo, esta última no es una idea completamente descabellada.

Aunque los países de habla hispana compartimos un vocabulario de riqueza inmensa y unas estructuras gramaticales definidas, también existe una gran cantidad de modismos, expresiones y variantes que sólo se comprenden cuando se ha vivido un tiempo en el lugar, o al consultar un manual de expresiones. En España, por mencionar un ejemplo, existen frases que a los latinos llegan a parecernos “la mar de extrañas” (muy extrañas), al punto de que a veces nos cuestionamos si realmente sabemos español.

Ya sé que este blog está dedicado a la cultura inglesa, pero como también tiene que ver con explorar otros horizontes y aprender cosas nuevas, hoy quiero compartir esta nota con algunas expresiones populares del español que se habla en la Península Ibérica. Puede ser información relevante y útil, tanto para los viajeros de origen latino, como para quienes han aprendido el español en nuestras tierras.

 

caerpelo1. “Se te va a caer el pelo”

No se aflijan. No les están pronosticando la calvicie, ni la urgencia de hacerse un implante de cabello. Esta curiosa expresión, que tal vez resulte familiar a los seguidores de series españolas como Cuéntame, tiene un sentido de advertencia por algo que no hemos hecho o que hicimos mal; parecido al “¡vas a ver!”, que usamos en México.

Cuando un niño llega a casa con la noticia de que volvió a “suspender” (reprobar) matemáticas, su enojada mamá podrá decirle: “¡Ahora sí se te va a caer el pelo!”.

2. “¡Vámonos de marcha!”

No los están invitando a una manifestación; tampoco a una caminata. Ir “de marcha” significa salir de fiesta y, en el mejor de los casos, no parar en toda la noche. Tal vez algunos de ustedes recuerden la pegajosa canción de Mecano, “No hay marcha en Nueva York”. Pues bien, de lo que la chica se queja es de que, según ella, en la Gran Manzana no se arma la fiesta.

3. “¡Eres la leche!”

¿Será por agrio, cortado o paliducho? ¡Nada de eso! Decir de algo o alguien que es “la leche” es un elogio y significa que es lo mejor, lo máximo, “la neta del planeta”. Si al salir de marcha les dicen a sus amigos que ustedes pagan la próxima ronda de “cañas” (chelas), seguramente les responderán con un “¡Eres la leche, tío!”.

4. “Estoy flipando”

Nada de qué preocuparse, al menos no como para llamar a una ambulancia. Una persona “flipa” cuando algo le gusta mucho, le emociona o le causa una enorme sorpresa (o todo eso junto). Si le preguntan a un “colega” (cuate, amigo) cómo le fue en el concierto de anoche, es normal que les responda con un sencillo, pero muy emocionado, “¡Flipé!”.

5. “¡Vas hecha un cuadro!”

Los españoles también tienen lo suyo para eso de los piropos. Con esta expresión no están criticando la figura ni hacen referencia a una actitud cerrada. Quieren decir que la chica se puso tan guapa que parece una obra de arte.

 

¿Conocen otras frases típicas de España o de su país? Compártanlas. Con ello pueden ahorrar más de un malentendido.